San Pedro era uno de los tantos pescadores del mar de Galilea hasta que lo conoció a Jesús y se hizo amigo. Escuchó su versión acerca del Unico y le pidió que se sume a la banda de los apóstoles. A Pedro le copó la idea ("Bueno, por ahí la pegamos como los Wachiturros", dijo) y abandonó la barca y el medio mundo. Ahí nomás arrancó a difundir la palabra de Cristo pero sin bailar como los pibitos esos. El tema es que cuando la cosa se puso densa, el tipo lo negó tres veces. A Jesús lo terminaron crucificando. Igual, al tercer día resucitó entre los muertos. El hijo de María y José era tan bueno que a Pedro lo perdonó y le dijo que su tarea iba a ser levantar la primera iglesia sobre una piedra. Obvio, se lo dijo antes de que lo claven y de que vengan los cuervos a comerle los ojos a los ladrones que estaban, también, entregados a morir en la cruz. A Pedro lo persiguieron y tuvo que moverse y moverse por el desierto, lo que le vino joya para ser el vocero de Dios. Pero al toque lo agarraron y también lo clavaron. Su muerte fue menos heroica.
Bueno. Y a todo esto mañana cumplo años. El 29 en los sueños es San Pedro Apostol. Nos vemos.
viernes 14 de octubre de 2011
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